Estatinas, resistencia a la insulina y diabetes: alternativas naturales
Descubre la relación entre las estatinas y diabetes tipo 2, los mecanismos que afectan la glucosa y la insulina, y las mejores alternativas naturales para reducir los riesgos frente a la resistencia a la insulina, sin perder sus beneficios.
RESISTENCIA A LA INSULINASALUD CARDIOVASCULAR
Dianelis Fernández Mena
11/21/20255 min read


Las estatinas se han consolidado como medicamentos efectivos para la prevención de eventos cardiovascular al reducir efectivamente el colesterol y se utilizan comúnmente en pacientes con alto riesgo. Sin embargo, su uso prolongado ha sido asociado con un aumento leve en el riesgo de diabetes tipo 2 y alteraciones en la homeostasis de la glucosa. Aunque este riesgo es relativamente bajo, es importante considerar estrategias para minimizarlo sin perder los beneficios cardiovasculares de las estatinas.
Estatinas y riesgo metabólico: diabetes y resistencia a la insulina.
Numerosos estudios han vinculado la terapia con estatinas con un ligero aumento en la incidencia de diabetes tipo 2 de nueva aparición, particularmente cuando se incluyen en el tratamiento estatinas de moderada y alta intensidad.
Estudios preclínicos sugieren que pueden reducir la sensibilidad a la insulina en tejidos periféricos y afectar la función de las células beta pancreáticas, disminuyendo algo la secreción de insulina. Se ha observado que la inhibición de la síntesis de colesterol por estatinas altera vías metabólicas en el hígado y músculo, interfiriendo potencialmente con transportadores de glucosa (como GLUT4) y la vía de señalización de insulina.
Esto resultaría en leves elevaciones de glucemia e insulinemia en algunos individuos. Además, al reducir la síntesis de derivados del colesterol (como dolicol y ubiquinona) necesarios para la función mitocondrial, podrían empeorar la resistencia a la insulina en predispuestos. No obstante, la exactitud de estos mecanismos sigue investigándose. Importa destacar que los inhibidores de PCSK9, que también logran reducciones drásticas de LDL, no han mostrado aumentar el riesgo de disglucemia, lo que apunta a que el efecto diabetogénico es específico de las estatinas y no simplemente consecuencia de bajar el colesterol en sí.
Los datos concuerdan que el riesgo de desarrollar diabetes parece estar asociado al tipo de estatina, la dosis y duración del tratamiento. Las estatinas de alta intensidad y potencia presentan mayor riesgo de incrementos en los niveles el aumento en glucosa y HbA1c. Por ejemplo, estudios han demostrado que la rosuvastatina tiene una mayor asociación con el desarrollo de diabetes en comparación con otras estatinas (rosuvastatina 42%, atorvastatina 25%, simvastatina 16%, fluvastatina 4%, y pravastatina 2%).
De hecho, pitavastatina destaca por su perfil metabólico benigno y estudios recientes encontraron un 30% menos riesgo de nueva diabetes con pitavastatina frente a la combinación de atorvastatina/rosuvastatina (HR ≈0.72).
Pitavastatina, pravastatina y fluvastatina muestran un impacto mínimo en glucosa; en la práctica, pitavastatina es considerada la estatina más segura en pacientes con prediabetes o alto riesgo metabólico. Por ello, algunas guías sugieren seleccionar estatinas de menor efecto glucémico (como pravastatina o pitavastatina) en pacientes predispuestos a diabetes.
Aunque el aumento en glucosa y HbA1c con estatinas de alta intensidad es pequeño se ha observado que factores como presencia de síndrome metabólico, obesidad central, triglicéridos elevados y predisposición genética modulan quiénes desarrollan diabetes bajo estatinas. En mujeres posmenopáusicas sin diabetes basal, el uso de estatinas se asoció a un 48% más riesgo tras ajustar por otros factores.
Estos estudios no han sido objeto de modificar las tendencias en el tratamiento de los trastornos metabólicos relacionados con altos niveles de lípidos en sangre, por el contrario, las estatinas siguen siendo el primer medicamento de elección y solo en casos muy específicos se evalúa su sustitución o un tratamiento poli fármaco.
Soluciones naturales y nutracéuticas: eficacia y mecanismos
Dada la preocupación por los efectos metabólicos de las estatinas, ha crecido el interés en alternativas naturales que mejoren el perfil lipídico y la sensibilidad a la insulina. Varios compuestos nutracéuticos cuentan con evidencia científica de beneficio moderado en colesterol, triglicéridos o control glucémico
Dentro de los productos más sugeridos podemos encontrar: los ácidos grasos omega-3, la espirulina, las proteínas de soya, el té verde, coenzima Q10, fibras dietéticas, silimarina y la berberina.
La Berberina, ha sido objeto de diversos ensayos clínicos. Estos estudios muestran suficiente evidencia de mejoras metabólicas con el uso de este producto en condiciones como diabetes tipo 2, dislipidemia, síndrome metabólico, obesidad, hígado graso no alcohólico e incluso ovario poliquístico. Aunque estos efectos son menores que los logrados con estatinas potentes, no son despreciables en pacientes intolerantes a estatinas o con dislipemia leve, posesionando a la berberina como una alternativa natural que puede contribuir a mejorar el perfil lipídico.
La dosis típica utilizada en ensayos es 500 mg, 2 a 3 veces al día (1 a 1.5 g/día total). Un inconveniente de la berberina es su baja biodisponibilidad oral por dicho motivo, se han desarrollado formulaciones donde se buscan modificaciones que permitan mejorar este requisito destacando dihidroberberina (un derivado más absorbible) y formulaciones en nanopartículas para maximizar su efecto.
Otras propuestas son la combinación con silimarina (extracto de cardo mariano con productos que en ensayos clínicos demuestran resultados notables en la reducción de LDL y TG, posicionándose como una alternativa natural a las estatinas en pacientes con síndrome metabólico.
La silimarina es un conjunto de flavonolignanos derivados del cardo mariano (Silybum marianum), tradicionalmente usado como hepatoprotector. Su componente principal es la silibinina, con potentes propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Este compuesto botánico favorece la función hepática y puede ayudar en la regulación del metabolismo de la glucosa, mejora la sensibilidad a la insulina y podría preservar la función de las células beta pancreáticas. Una revisión de 2020 en Annals of Hepatology resalta que la silimarina exhibe propiedades sensibilizantes a la insulina, con mejoras en perfiles glucémicos tanto en enfermedad hepática como en pacientes con diabetes tipo 2.
La silimarina se comercializa como suplemento hepatoprotector a dosis de 420–600 mg/día en fracciones (140 mg tres veces al día es pauta clásica). Los estudios metabólicos suelen usar 600 mg/día.
Los Ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA) han sido una estrategia que nos ha acompañado por muchos años. Los omega-3 son muy eficaces en reducir triglicéridos cuando se recomiendan en dosis altas (2–4 g/día de EPA+DHA) con resultados que pueden llegar a una reducción de los TG en 20–30%. En mayor problema sería el riesgo de fibrilación auricular, por eso se recomienda evaluar la incorporación del EPA puro (icosapento etilo) 4 g/día. Medicamento que en los estudios ha logrado reducir hasta en un 25% los eventos cardiovasculares en pacientes con TG elevados y alto riesgo, añadido a estatinas (estudio REDUCE-IT). Las guías 2025 recomiendan EPA en pacientes de riesgo alto/muy alto con TG 135–499 mg/dL a pesar de estatinas, con grado IIa.
Además de la berberina, silimarina y omega 3, existen otros compuestos naturales con evidencia de mejorar el perfil lipídico o la respuesta metabólica, donde destacan Té verde (catequinas), Ácido alfa-Lipoico, fibra soluble y Coenzima Q10.

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